Por Manuel Poroj
Al revisar bibliografías en una vieja colección de la Revista Economía de la USAC del periodo 1970 a 2006, específicamente la #135 de 1998, encontré un ensayo que me llamo la atención. Se hacía referencia a lo que hoy en día ha tomado importancia: el tema ecológico y ambiental en el mundo, y cómo en la sociedad se ha iniciado la formación de grupos ambientalistas quienes plantean demandas concretas en contra de acciones emprendidas por los “gobiernos” en detrimento de los recursos renovables y no renovables, ejemplo de ello: La Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro Brasil y la suscripción del Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático(1992), la cumbre de la Tierra en Johannesburgo en Sudáfrica (2002), la XV Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático y el protocolo de Copenhague (2009), La Cumbre contra el Calentamiento Global en Bolivia (2010), las protestas de las comunidades aledañas en las mineras de San Marcos, en San Juan Sacatepéquez y por la laguna del Tigre en Guatemala durante este ultimo quinquenio. Ante tal situación se observa como irónicamente los oídos sordos de los líderes internacionales y la indeferencia de las autoridades nacionales hacen caso omiso a las consultas populares, de habitantes afectados por la instalación de mineras en el país, ensombreciendo sus demandas.
En el presente y breve ensayo quiero someter a discusión la duda de cómo debe entenderse la Economía ecológica y como debe darse la creación transgeneración de una conciencia ecológica. Y según se presente la oportunidad de apertura al debate seguiré profundizando en el tema con posteriores ensayos.
En dicha revista Alfred Schmidt, (filósofo alemán, 1987) expone que «la problemática ecológica ha llegado a tales dimensiones, que sobrepasa toda discusión meramente académica» y que «el progreso se ha convertido desde hace tiempo en una cuestión de la sobrevivencia humana». Ante tales afirmaciones, comparto de hecho que sí, se ha sobrepasado la teoría existente ya que es un problema latente, implícito y explicito que afecta a todos —en este caso me refiero a todos seres animados e inanimados del planeta— y las generaciones venideras. Sin embargo debe de teorizarse para poder tener una aproximación de cómo las relaciones sociales pasadas y actuales han contribuido al deterioro de los recursos naturales del planeta Tierra, que hasta ahora es el único que da señales de vida. Por aparte el segundo enunciado, nos incita a tomar una postura política e que nos ayude a identificar a qué progresos se refiere, si este ha sido social en temas de género, étnico, etario, transgeneracional o simplemente se hace referencia al aspecto económico y si el beneficio ha sido para todos o solo para algunos.
De entrada el autor hace una crítica a las deficiencias que han presentado los distintos modelos de organización social que han pasado por la historia, en especial al modelo de mercado que presentado frecuentes caídas en su historia—el cual abordaremos en posteriores ensayos—. A estos modelos «se les reprocha el pasar por alto el límite de la tierra, las capacidades de carga de la ecósfera y la escasez de los recursos. Por ello se les hace cómplice de los daños del medio ambiente que se pueden observar en todo el mundo» (Fetscher, 1985 citado por Schmidt, 1998:64). Esta crítica, a consideración del autor, es sostenida si se le concede al desarrollo del conocimiento y la tecnología un “factor de configuración” de la historia, criterio esgrimido principalmente en las sociedad de inicios de siglo XX que en sus albores fueron satanizadas y en la actualidad son consideradas “caducas” y “rígidas con la libertad”. Empero, iniciadores de dicha propuesta de organización social plantearon dentro de sus primeras críticas al modelo actual: una critica ecológica. En la que plasmaban que «las intromisiones humanas puede dañar sensiblemente el equilibrio natural», e inclusive fue problema planteado antes que el biólogo Ernest Haeckel, quien introdujo por primera vez el término ecología al debate científico. Estas críticas no han sido tomadas dentro del análisis teórico y practico del problema ambienta actual.
Durante su desarrollo teórico y crítico, se discute sobre la creación de la conciencia ecológica, que es concebida como la apropiación —y en este caso diría empoderamiento—, del conocimiento científico y de los avances tecnológicos de la sociedad actual para hacerlas corresponder a unas relaciones sociales acordes con el ecosistema, en donde el cuidado de este último prime y sea en beneficio de la mayoría que en él coexisten. Pero, ¿cómo lograr este beneficio?, ante tal cuestión se lanza de manera burda y general una respuesta tentadora, la cual rezaría: de que el ser humano podría dar un viraje a la perilla que aumenta el flujo de la polución en los vientos, aguas, mares y encerrar la depredación de los bosques y las especies, así como engrillar el desgaste y mal uso de los recursos naturales con la apropiación de una conciencia ecológica y ambiental coherente a la naturaleza y la sociedad. Entonces, ¿cómo crear una Conciencia ecológica y ambiental? ¡¡¡Pues, esa es la tarea que nos hemos planteado en Manos Verdes!!!
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