miércoles, 4 de enero de 2012

Momostenango: Pobreza moderna

Manuel Poroj

Mi reciente viaje a Momostenango, Totonicapán me puso a discernir sobre si el "provincialismo no es un fenómeno de distancia o de descentralización sino un estado de conciencia, una manera de vivir, una mentalidad de siglos”. (Monteforte Toledo, M. 1953: 146).

La cultura de mi comunidad ha cambiado al consumo desmedido, a una comunidad modernizada en el subdesarrollo. Momostenango, un municipio que entra en la modernidad con un agudo subdesarrollo que se profundiza. Ejemplo de ello es la dependencia económica a productos foráneos consumidos dentro de la comunidad. Si se pudiera realizar el cálculo de la balanza comercial del municipio, se vería que el déficit comercial es impresionante. Por lo que se aseguraría que Momostenango es un parasito dentro de la economía Guatemalteca, dependiente a otras economías y comunidades que rigen su devenir a una aldea global paupérrima. Su actividad principal, el comercio: actividad que acelera la circulación del capital, recae en el consumo, la producción es insignificante y posiblemente de autoconsumo mísero. El uso desmedido de productos foráneos en el municipio, inclusive el consumo de productos nacionales quedaría rezagado, ante el consumo de productos extranjeros. La cultura consumista ha penetrado en la mentalidad de los pobladores, agudizando su egoísmo, envidia y los peores monstruos del individualismo: la avaricia y la ceguera mental sobre su situación y necesidad comunal. Las costumbres y tradiciones se han desmejorado y modernizado al punto de presentar el escaso conocimiento de la esencia de las misma, el comunitarismo indígena. El Mercado, como institución reguladora de precios y devastadora de poblaciones dentro del capitalismo, se apodero de la mentalidad de los habitantes, jóvenes, niños y niñas, mujeres y hombres, al caso paradigmático de ocultar el museo de la cultura momostecas y transformarla en un bazar de exposición de mercancías plásticas, baratijas inservibles Made in “chaina”, productos mexicanos y, consumo y más consumo de productos superfluos dentro de la casa de la cultura municipal. Todo esto dentro de las mismas instituciones públicas del municipio con orden estricta del alcalde edil. La mentalidad de siglos se ha modernizado y matiza a su cultura en subcultura.

Existe el principio que reza que la cultura es dinámica, este se cumple en Momostenango, a un estado  involucionado que deshumaniza al momosteco, a un estado de desaparición de su identidad y de su económica productiva a la actividad del consumismo voraz de sus habitantes. Mientras, las personas momostecas (longevidad, adultez, juventud y niñez) siguen con la misma desnutrición, misma falta de educación formal y presentando la vista folklorista de casitas de adobe, teja o lamina con piso de tierra a los pocos visitantes externos, que no es comparable con las actuales vivienda de las autoridades ediles y legislativas que viven en la comunidad.[1] La población se encuentra en una especie de letargo o hipnosis fetichista de la mercancía superflua e innecesaria para sus vidas, adorando al jehová de la ropa de moda, al santo del celular más caro, al ajaw del consumo desmedido de pirotécnicos antes de satisfacer sus necesidades primarias y a crear cofradías desorganizadas de consumo irracional.

En un municipio en donde la compra de una piña se realiza a un precio exorbitante, y la producción es escasa, es necesario que ésta se diversifique y que su población persiga el crecimiento intelectual para mejorar sus condiciones de vida paupérrima que ellos mismos ignoran. Esta será la nueva meta que tendrá que romper el alcalde edil que entra en turno, velar por la producción de productos ventajosos para su economía y el crecimiento intelectual de sus habitantes: generar una explosión intelectual. Su tarea no es de despertarlos y ser el hipnotista que cuente a tres, sino de crear las condiciones para que amanezca y el Sol del desarrollo despierta las mentes de los niños y niñas momostecas a una mayor participación ciudadana consciente a favor de su comunidad. Su apoyo debe ser a los niños y niñas en la educación, la salud, la desnutrición y la cultura y no a seguir otorgando favores políticos a sus patrocinadores de campaña. Debe ser por Momostenango y no por su partido.


[1] Las casitas de adobe en los alrededores pero en los perímetros cercanos a la zona central “urbanizada”, ostenta grandes construcciones que tratan de mostrar una riqueza imaginaria, casas que  más bien parecen edificios mal construidos son en su mayoría quienes se muestran despampanantes al ingresar al centro de Momostenango. Pobreza cultural, ignorancia presunciosa y falta de identidad que se evidencia en cada una de sus cuadras.