Por: Erick Espino
Cuando imaginamos al arquetipo de ciudadano vemos a una persona solitaria y oprimida que busca ganarse la vida en ciudades en expansión consumidos por el aburrimiento de la cotidianidad y el ocio en su tiempo libre, esta es la ilación que llamamos vida. De la que somos presas todos. Sin darnos cuenta, dormidos por la monotonía de trabajos sedentarios y vacíos trabajando en cosas tediosas para comprar cosas que no necesitamos, ya que creemos necesitar esta determinado por el comercial que vimos en una de nuestras tantas horas de “descanso” en las que se nos instruye en como debemos pensar y actuar alienados, confundidos por realidades que distan tanto de la nuestra, donde las mentiras que se incluyen de forma tacita en medio de verdades que por nuestra idiosincrasia reconocemos como universales, estas mentiras nos gobiernan, haciéndonos indiferentes a realidades más cercanas como el campesino del área rural, el harapiento indigente que pide un quetzal en la esquina o los niños que mueren de hambre, las cuales son realidades que deberían llorar en las calles pero en vez de eso nos consolamos diciendo que nada es perfecto, y las ignoramos, un poco por que nos condicionan a no verlas, y otro poco por que duele hacerlo, pero más que todo por las ignoramos por cruda y llana indiferencia, preferimos no verlas buscar formas de alcanzar las realidades que nos muestran las comedia y programas de la tele.
Estas alimentan las ilaciones que nos hacen olvidar nuestras vidas un tanto vacías, aclarando que no es por que no estén llenas de cosas en si, sino por que introducimos en ellas cosas vacías y sin sustancia, nos ilusionamos cundo pensamos que estamos mas cerca de ser felices como en estas realidades se muestra aún a costa de pisar las realidades, vidas y los sueños de nuestro prójimo, esto es el combustible que alimenta nuestras vanas ilaciones, queremos alcanzar la felicidad a través de nuestro “bienestar económico” o mejor dicho estabilidad económica pero con dinero podes comprar un buen colchón mas no horas de sueño, un teléfono pero no que nos llamen las personas que amamos, podes comprar una casa mas no un hogar podes, comprar un traje caro pero no la autoestima, la mejor forma de aumentar la autoestima y la felicidad de las personas es hacer buenas obras por que aún que no se piense así es mas bien aventurado dar que recibir.
Cualquiera diría que estoy siendo muy negativo que describo una vida gris, pero tengamos el valor de darle una oportunidad a esta punto de vista, tal vez así comprendamos, que el mundo esta como esta no a causa de los políticos, el sistema, el pasado, las trasnacionales, etcétera sino que es culpa de la persona que miras al espejo cada mañana. No digo que no hay nada que hacer, todo lo contrario cuando parece que las cosas No pueden cambiar es el momento justo para cambiarlas, hablo de un cambio de conceptos. El presidente gringo Thomas Jeferson dijo “cada generación necesita una revolución” y en estas los jóvenes son cruciales, han utilizado sus energías para iniciar batallas contra la esclavitud, el colonialismo, los derechos de la mujer, la segregación racial y siempre que la situación parezca ser peor los jóvenes actúan, revolucionan y cambian las cosas, pero me temo que esta vez todo el sistema trabaja para impedirnos darnos cuenta de la gravedad del problema, de lo serio de la situación.
Cuando hablamos de la catástrofe que presupone el cambio climático, hablamos de un tema que nos gusta minimizar pero esto es como cuando se minimizaba el esclavismo al decir a no están malo que trabajen sin pago alguno, son cosas ni que fueran personas, no es tan malo son negros no personas, son mujeres para que quieren votar que se estén en sus casas, hoy decimos solo es el planeta no siente, no opina, no es como si nos afectara si le pasa algo. O si?
Un cambio de concepto, una revolución no de armas, ni huelgas de hambre, no de balas sino de ideas, cambios de hábitos, empezando por un cambio esencialmente urgente, deshacernos de la indiferencia, ya no decir estas frases como "que el gobierno lo arregle" "que el vecino haga". La indiferencia es el cáncer de nuestra sociedad. No se trata de mi, es de nosotros de quien te hablo, nosotros mismos, no de nuestros hijos porque a este paso basta un par de grados más y no se si tendrán donde vivir.
La pregunta que debemos hacernos hoy es: ¿estoy dispuesto a hacer un cambio en mi estilo de vida para ayudar al mundo donde vivo?
El planeta espera tu respuesta