miércoles, 19 de mayo de 2010

Conocimiento y Tecnología ecoambiental

Por Manuel Poroj

Hemos de continuar nuestra discusión y crítica sobre las pasadas y actuales asociaciones humanas, circunscritas en las conocidas sociedades modernas, posmodernas y transmodernas. De seguir con el debate, sobre a quien corresponde el beneficio del progreso de dichas sociedades. Y del postulado fundamental y cenit de nuestro papel como Manos Verdes: la búsqueda de la construcción de la Conciencia Ecológica o Ambiental. Además de extender el análisis del ensayo presentado en aquella Revista Economía que se hizo referencia en el anterior documento publicado en esta página.

Todo lo anterior da paso para empezar las discusiones, críticas y debates englobadas dentro una postura de la economía, que con el desarrollo del debate se dilucidará si ésta debería ser ¿ecológica o ambiental?

En el preámbulo de la discusión se esgrimió la definición de la conciencia ecológica, cuyos elementos constitutivos son el empoderamiento de los conocimientos científicos y el desarrollo tecnológico de las actuales relaciones sociales, que en primera instancia deberían ser consecuentes y correspondientes al ecosistema. Nuestro ya citado autor, Alfred Schmidt, desarrolla la importancia de dos conceptos que a mi consideración son los primeros en someter a discusión, estos son: el desarrollo tecnológico y los conocimientos científicos. Sin embargo, dentro de ellos se oculta un concepto más qué una acepción y cuestión evidentemente práctica, que con el devenir y avenir teórico del desarrollo de la conciencia ecoambiental se develará.

Sí bien es cierto que el transcurso del modernismo, posmodernismo y el actual transmodernismo ha dejado una huella profunda en el avance científico. El conocimiento científico y tecnológico presente es superior a las sociedades antiguas y medievales. Este avance, no obstante, ha representado el desequilibrio y la enajenación del ecosistema, subordinado a la particularidad de intereses gananciales. En donde la naturaleza «deja de reconocerse» como el hogar en el que se convive y proporciona fuerzas para mantener la supervivencia de los elementos que en ella subsisten. Contexto que se corrompen a la lógica expuesta supra: conocimiento y desarrollo tecnológico correspondiente al devenir histórico de la naturaleza, es decir un naturalismo histórico.

Por ejemplo los conocimientos de las ciencias naturales como el avance de la física en la mecánica clásica, electromagnética, termodinámica y mecánica estática, física quántica y la teórica de la relatividad. Han sido discernimientos que siguen aportando extraordinarios progresos al ser humano y han significado beneficios en el combate de problemas sociales y un acercamiento para minorizar los fenómenos que la naturaleza ejerce sobre sus relaciones sociales. Todo esto desde una perspectiva antropocéntrica del naturalismo histórico y del desarrollo de I+D (investigación y desarrollo) —perspectiva que se discutirá en futuros ensayos, desde un enfoque mas amplio de la emancipación social y de las comunidades autóctonas y originarias—.

Sin embargo, estos discernimientos sobre la naturaleza en su «reconocimiento teórico de sus leyes autónomas» aparecen no solo como una «artimaña a las necesidades humanas» sino que coadyuva a la particularidad bi-relacional aparente: ganar-ganar. Es decir, violentar la naturaleza, y contraponerse a objetivos socio-ambientales, a favor de intereses céntricos, antropocéntricos y egoístas. Lo anterior no implica subestimar la importancia de las ciencias exactas en la naturaleza y la sociedad, sino de dar respuesta en cierta medida a la pregunta sobre ¿a quien beneficia el desarrollo del conocimiento y de la tecnología?

Es también loable la acción que actualmente la bioquímica ha realizado en las maquinas denominadas células o celdas de combustible. Maquinas para ser utilizados en los vehículos de hidrógeno que usan combustible alternativo de hidrógeno diatómico como su fuente primaria de energía para propulsión. Empero, ¿por que no se han implementado? La respuesta de un buen economista, por un lado, invocaría los altos costos que su implementación representa a la empresa productora. Por otro, un economista ambiental estimaría el punto óptimo entre costo ambiental y costo económico, y un tercer economista ecológico, optaría por que se utilizara una bicicleta. Pero por qué pensar en el producto y no pensar en la gente que se beneficiaría con su implementación. Tal vez económicamente representa un mayor el beneficio que costo económico, a costa de las pérdidas sociales que puede ser mayor al beneficio empresarial —Clásico, se socializan las perdidas y se privatizan las ganancias—.

¿Serán las altas inversiones de petróleo que tiene de los pies a dicho invento?... mmm, o las actuales inversiones hechas en Latinoamérica y no digamos en Guatemala con el objeto de producir bio-combustible, que tienen como base el consumo de palma africana y alcohol de caña de azúcar. A mi parecer, ¡no lo creo! Algunos opinan sobre las maravillas que traerá consigo la plantación de palma africana y la producción de combustible de azúcar, la que beneficiará a los habitantes de Izabal, que se encuentran cerca del refugio de vida Silvestres Bocas del Polochic ubicado en Ramsar, la región de la Franja Transversal del Norte y Sur del Petén (SAVIA, 2009: 18). Quines sin tomar en consideración que la plantación de palma africana y la siembre de azúcar, tanto como la zafra, traen consigo altos niveles de polución y deteriora el suelo y el aire. Ya ustedes sabrán las nefastas consecuencias ambientales, económicas y sociales que trajeron consigo el cultivo de algodón y su desaparición dentro de la producción nacional, por no mencionar las políticas.

Otro ejemplo de ello es que actualmente el «cultivo de la palma africana, es reciente en la región… [que] comenzó hace 4 ò 5 años; sin embargo su expansión avanza aceleradamente en zonas vecinas a las áreas protegidas, principalmente en dos puntos de la zona de amortiguamiento que en su totalidad cubren una extensión de 4,635 hectáreas...

     …este cultivo se concibe en una fuerte de amenaza a las áreas protegidas, como es el caso de Las Arenas al Norte de San Román (área protegida ubicada en el Petén), ya que comunidades enteras, han vendido sus parcelas para convertirlas en plantaciones de palma» (Plan maestro […] Petén 2008-2012 citado por SAVIA, 2009:19).

Claro, únicamente daña el medio en donde pobladores por razones de pobreza explotan inmoderadamente sus recursos, esto gracias a la falta de proyectos que ofrezcan el conocimiento y estrategias de una explotación adecuada a los suelos del lugar sin destruir sus componentes naturales y que beneficien el entorno natural y la economía del lugar.

Además, las nuevas plantaciones de palma africana que han sido introducidas, son especies originarias de otros países a las que no se les ha aplicado un estudio de impacto ambiental, antes de ser plantadas en Guatemala, y si los hay deben darlos a conocer. El ambiente y cambio climático han contribuido a que las especies migrantes invadan y aniquilen la flora de nuestras tierras, depredado y afectando al mismo tiempo la fauna (queda de mas decir los lagos de Amatitlan, Izabal y Atitlan). Quedando corto este análisis, si se compara con los problemas de seguridad alimentaria y nutricional que durante años afecta a las generaciones guatemaltecas. Pareciera una estrategia cuidadosamente sistematizada el que a falta de información, los lugareños y dueños de parcelas ignoren las grandes consecuencias que trae consigo el introducir incontroladamente especies desconocidas y sin control en su plantación.

En pocas palabras, el conocimiento y la tecnología no se encuentran en manos de todos. Y quienes lo producen ¿son realmente concientes del objetivo de sus aportaciones científicas? Y quienes relativamente no lo tienen ¿Qué deben hacer? Ante tal situación la educación familiar, comunal, formal y popular es importante para el empoderamiento ecoambiental de la población excluida de dichos conocimientos, y quienes lo tienen de compartir el avance de los mismos. Estos últimos actores, también deben de contrastar sus conocimientos científicos con los saberes populares para corresponder a un sinnúmero de contextos particulares. Contextos y situaciones de la niñez y juventud, mujeres e indígenas, personas excluidos por su preferencia sexual y situación socioeconómica, todos los seres comprometidos o no con la Naturaleza. Pero queda en el tapiz otra discusión: el empoderamiento de los conocimientos y avances tecnológicos no son la única salida de la destrucción ambiental, existen otros factores de los cuales debemos de apoderarnos. De este asunto nos dedicaremos en el posterior ensayo y por ahora solo queda decir: Utz´ ipetik´ (Bienvenidos a la discusión).

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